domingo, 12 de febrero de 2017

¿Sueños?

En un mundo errante, donde lo mísero se confunde con lo efímero, la triste realidad se convierte en un recuerdo volátil. Los pensamientos que nos hemos creado acerca de la realidad vivida ya no sabemos si podemos siquiera creerlos, pues en la fragilidad de la memoria hemos dejado caer el peso de nuestros recuerdos y añoranzas.

Y no critico aquí a esas añoranzas de niño que se pasean por nuestra mente de vez en cuando, retrotrayéndonos a la infancia casi olvidada, tampoco al olor que nos envuelve en sentimientos, ni la sonrisa espontánea de escuchar aquella musiquilla que oíamos una y otra vez, embelesados, como si de algo divino se tratase. To no critico eso, por supuesto.

Doy un grito y doy una patada a una puerta que estoy dejando poco a poco, con el rechinar de una bisagra envejecida, cerrarse para siempre. No echar el pestillo pero tampoco poner el pie evitando que se cierre a mis espaldas, sin la valentía para afrontar lo que estoy dejando del otro lado de la puerta, detrás, cada vez más lejos. Diciéndome a mí mismo que el pasado, pasado está, que no puedo hacer nada por evitarlo, que la miserable vida que tengo que soportar acompañando las benevolencias tiene que seguir ahí, rodeándome, impregnando de un hedor tremebundo el resto de las cosas; porque no puedo hacer nada.

Crecer añorando cada momento pasado, dejando que la memoria actúe como filtro para devolvernos un día la infantil mirada que perdimos hace tanto tiempo… Dejar que el brillo de nuestros ojos se convierta en un parduzco gris mate que tiñe cada paso que damos, cada caricia que recibimos.
Doy un grito y una patada por los sueños cumplidos sin saber que son sueños, por los momentos y horas sumergido en ociosas tareas que no conllevan un fin concreto ni más recompensa que la de haberlo hecho, tampoco el beneficio tangible que se espera de todos nosotros.