Miro a través de la ventana del tiempo, esa que te deja ver el pasado y compararlo con el presente para poder reaccionar. Detrás queda el futuro, algo que no se puede ver.
Veo una silla vacía, una mesa en silencio, una puerta abierta y un hombre tirado en el suelo llorando. No sé por qué está en ese estado, ese no soy yo, no puedo ser yo, pero hay algo que me resulta familiar en él.
Ahora se está levantando, me mira, aunque parece que no me ve, que tenga la vista fija en algún lugar lejano detrás de mi, como mirando al futuro.
En ese instante me giro para ver qué es lo que está mirando él, y me encuentro con un espejo, mi cara reflejada me mira, aunque parece que no me reconozca del todo. Le veo triste y nostálgico, intento avisarle que tiene que girarse, tras él tiene un mundo feliz.
Él se sorprende, me da la espalda y sale corriendo y dando saltos de alegría. Siento que me da las gracias con sus gritos.
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