Puede haber muchas emociones que nos equiparan a los humanos con el resto de animales que rondan por este mundo, como pueden ser la tristeza, rabia, la felicidad, incluso la ira. Pero hay algo que, inherente al ser humano, lo diferencia acusadamente de lo que late, respira y come; una emoción, un sentimiento, que por el propio hecho de existir determina que algo se ha pasado de vueltas y de frenada en nuestra evolución.
El miedo.
No es el instinto el que hace que miremos atrás en un callejón oscuro, ni al tener que hablar cuando no se sabe si lo que se va a decir va a explotarnos en los morros. No entra dentro de esa definición animal.
¿Imaginas un topo con claustrofobia? ¿Un pájaro con acrofobia?
Miedo irracional, dicen. Pero ¿qué puede haber más racional que el miedo, tomando la palabra literalmente? Lo racional de razonar viene, del ser humano se supone, del pensar en lo que sucede y del pensar en que se piensa. Sólo desde el ser consciente en que se piensa se puede llegar a tener conciencia del miedo.
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